Fichajes que no fructificaron
Guste o no, el último día de los periodos de fichajes siempre es importante, porque las incorporaciones afectan a los equipos. Las historias de clubes de todo el mundo se han visto marcadas por sus contrataciones —fatídicas o fantásticas— y buenos negocios, ya sean costosos o de muy buen precio.
Sin embargo, aunque la búsqueda de buenos jugadores en ocasiones depare alegrías, a veces hace que los hinchas se lamenten por lo que pudo haber sido. Después de todo, como ha descubierto FIFA.com, hay multitud de estrellas del deporte rey cuyas carreras podrían haber tomado rumbos muy distintos, y no son pocos los equipos arrepentidos de que no haya sido así.
El salario o el peso acaban con los sueños
Un ejemplo paradigmático es el Sheffield United: 36 años después, la afición continúa hablando de un astro que se les escapó. Y no es nada sorprendente, al tratarse nada menos que de Diego Armando Maradona, en quien se fijó cuando tenía 17 años el entonces técnico de los Blades Harry Haslam, cuando buscaba eventuales fichajes por Sudamérica en 1978. Haslam quedó tan impresionado que no tardó en acordar un precio de 350.000 libras con Argentinos Juniors, aunque el consejo de administración del United decidió que sería más conveniente invertir 160.000 en Alex Sabella. El equipo de Haslam acabaría descendiendo a la segunda división inglesa.
Boca Juniors fue así la siguiente etapa de la extraordinaria trayectoria futbolística de Maradona, que pudo haber acabado perfectamente en las filas de su acérrimo adversario. River Plate estaba a punto de conseguir su firma cuando el presidente del club, Rafael Aragón Cabrera, se negó a acceder a la petición del joven de suscribir un contrato superior al de dos figuras de los Millonarios, Daniel Passarella y Ubaldo Matildo Fillol. “Tenía la ilusión de ir a River”, declaró entonces Maradona, “vino Aragón Cabrera y me derrumbó la ilusión”.
Cualquier club lamentaría quedarse sin el Pelusa, pero no es lo único de que se arrepienten en Sheffield. Tan sólo hay que preguntar a los seguidores del Sheffield Wednesday, a quienes ya se les hacía la boca agua con el fichaje de Eric Cantona después de su sanción en Francia por lanzar el balón a un árbitro. Pero el entrenador, Trevor Francis, le pidió que se quedase a prueba una segunda semana antes de decidirse, a lo que Cantona se negó, para luego recalar en el Leeds United.
El fútbol está repleto de este tipo de equivocaciones. Zinedine Zidane, por ejemplo, pudo haber terminado jugando en Inglaterra al mismo tiempo que su temperamental compatriota: Kenny Dalglish, entonces técnico del Blackburn Rovers, alcanzó un principio de acuerdo con Zizou, que tenía 23 años, pero el presidente, Jack Walker, prefirió no ejecutarlo. “¿Para qué queremos a Zidane si tenemos a Tim Sherwood?”, explicaría Walker, según informó el Lancashire Telegraph.
Parece que el destino reserva a todos los grandes históricos franceses vivir un episodio semejante en algún momento de sus carreras. Así ocurrió también con Michel Platini, al que un informe médico en Metz declaró, con 16 años, “no apto para jugar al fútbol al más alto nivel”.
El presidente del Metz de aquella época también señaló que los técnicos del club habían dicho que Platini “tenía un culo gordo”, una opinión similar a la que impidió a Paul Gascoigne fichar por el Ipswich Town en 1983. Las reservas acerca del peso del centrocampista hicieron que los Tractor Boys lo rechazasen, una decisión en perspectiva aún más mortificante, puesto que se produjo solamente tres años después de dejar pasar la ocasión de hacerse con los servicios de un joven neerlandés —en su opinión, carente de disciplina— que respondía al nombre de Ruud Gullit.
Oportunidades perdidas
Un jugador con el que se equivocaron varios equipos fue Andriy Shevchenko. El legendario ucraniano estuvo una semana a prueba en el West Ham United en 1994, fue ofrecido al Colonia al año siguiente, y dos años más tarde al Werder Bremen. La respuesta de todas estas entidades fue negativa, y el entrenador de los Hammers de entonces, Harry Redknapp, apuntó: “No daba la impresión de ser nadie especial, en absoluto”.
Más tarde, esa misma década, el Gaziantepspor turco cometió un error casi idéntico, al plantarse ante la cantidad que exigía el São Paulo, 1,5 millones de libras, a cambio del traspaso de un joven Kaká. A los tres años, el AC Milan multiplicaría por tres esa cifra. Y si el Gaziantepspor tuvo que lamentar su excesiva prudencia, imaginemos cómo se debió sentir el Flamengo, que se quedó sin Ronaldo por no pagar al delantero el billete de autobús —unos 20 peniques— desde su casa en Ribero.
El Fulham también tuvo mala suerte con otro brasileño campeón de la Copa Mundial de la FIFA™. En 1978, cuando el club estaba en la categoría de plata del fútbol inglés, convenció a Paulo César para que fichase por él, aunque el trato se malogró debido a una disputa acerca de las llamadas telefónicas del futbolista a Brasil. También en Londres, el Arsenal ha visto cómo varias incorporaciones prometedoras quedaban sin concretarse en los últimos años. Yaya Touré estuvo una semana a prueba en 2005, pero unos problemas con su pasaporte impidieron que la contratación fructificase. Fue el segundo error mayúsculo del equipo en pocos años. “Tuve a [Cristiano] Ronaldo en el campo de entrenamiento”, confesaría un tiempo después Arsène Wenger. “Le enseñé las instalaciones y le di una camiseta. Pero al final no se concretó por un desacuerdo en la cuantía del traspaso entre los dos clubes”.
En última instancia, el Arsenal se negó a abonar unos 4 millones de libras por el futbolista. Dejar escapar a futuros astros ya se había convertido en una costumbre por aquel entonces. En 2000, tuvo a su alcance a Zlatan Ibrahimovic, pero desperdició la oportunidad. “Arsène me dio la famosa camiseta rojiblanca, el dorsal número 9, con el nombre de Ibrahimovic estampado en ella. Luego esperé a que me convenciese para fichar por el Arsenal, pero ni siquiera lo intentó. Fue peor: ‘Quiero ver lo bueno que eres, qué tipo de futbolista eres. Vamos a probarte’. Yo no me lo creía, y pensé: ‘De ninguna manera. Zlatan no hace pruebas’. Así que dije que no y me fui al Ajax”, recordó el sueco.
Y al igual que los Gunners debieron haber reflexionado un poco más acerca de Ibrahimovic, Ronaldo y Touré, imaginemos un 1860 Múnich en el que se combinasen los talentos de Franz Beckenbauer y Gerd Mueller. Pudo haber sido realidad, ya que a Mueller poco le faltó para fichar antes de que el Bayern —alertado del interés de su rival y vecino— actuase con rapidez para arrebatarle al delantero una hora antes de que empezasen las negociaciones propuestas por el TSV. Beckenbauer, por su parte, ya se había hecho a la idea de incorporarse a los Löwen, pero uno de sus jugadores le dio una bofetada en la cara durante un partido con el SC 1906 Múnich. Aquella acción violenta lo apartó del club de sus sueños, y se dirigió al Bayern, donde acabaría haciendo historia junto con Der Bomber.
Esos dos fichajes ayudaron a marcar una era, al igual que el de Alfredo Di Stéfano por el Real Madrid. El gran rival de los Merengues, el Barcelona, llegó a pensar que ya tenía en su poder a la Saeta Rubia, al cabo de unas largas negociaciones que se tradujeron en un acuerdo según el cual el jugador se compartiría de forma anual con el Real Madrid durante cuatro campañas. Sin embargo, más tarde un consejo de administración interino del Barcelona permitió a Di Stéfano marcharse al Madrid a cambio de una compensación de 5,5 millones de pesetas, una cantidad exigua por todo el sufrimiento que infligiría a los catalanes en los años siguientes.
Algo parecido le pasó al Mónaco, que llegó a tener un precontrato con Jean-Pierre Papin en 1986, aunque una oferta posterior del Marsella terminó encandilando al artillero. Los dos clubes de la costa del Mediterráneo acordaron el pago de una compensación, aunque el OM quedó encantado de abonarla, ya que fue uno de los mejores futbolistas que hayan vestido nunca su camiseta, y se proclamó máximo goleador de la liga francesa durante cinco temporadas consecutivas, entre 1988 y 1992.
Destinos inesperados
Aunque ahora resulte difícil, después de sus proezas en el Vélodrome, imaginar a Papin con los colores del Mónaco, algunos fichajes que estuvieron a punto de realizarse son directamente impensables. ¿Quién imaginaría, por ejemplo, a Ronaldinho en el modesto St Mirren escocés, antes de llegar al París Saint-Germain? Fue una posibilidad muy real, ya que el equipo de Paisley pretendía ofrecer al brasileño experiencia en el fútbol europeo, pero una polémica surgida con su pasaporte acabó poniendo fin a las negociaciones.
A pocos kilómetros, el Dumbarton llegó a acariciar un fichaje todavía mayor. El gran Johan Cruyff, entonces aún con 33 años, podría parecer un objetivo imposible para un equipo de la zona media de la tabla de la segunda división escocesa. Pero su entrenador, Sean Fallon, que había sido ayudante de Jock Stein durante los años gloriosos del Celtic, casi persuadió al genial neerlandés para cambiar Barcelona por el estadio de Boghead, aunque el clima escocés lo impediría. “¿Que si estuve tentado? Sí, claro”, dijo Cruyff en la biografía de Fallon. “Jugar en Inglaterra, o en Gran Bretaña, es algo que siempre había querido hacer. Pero cuando uno es mayor los músculos se le agarrotan, y mudarme a un país frío como Escocia me hubiera traído problemas”.
La razón de que este insólito fichaje no se concretase quizás sea inusual, aunque hay otras igual de peculiares. El exinternacional escocés Darren Jackson, por ejemplo, estuvo solamente ocho días a prueba en el Dalian Wanda antes de volver a casa, argumentando su intolerancia a la comida china. Otro escocés, Kenny Dalglish, pudo acabar en el Liverpool a los 15 años, pero rechazó pasar siete días más de prueba en el equipo, porque le habrían impedido asistir a un clásico del Old Firm a mediados de la semana. La futura leyenda de Anfield regresó a Glasgow para animar al Rangers, el equipo de su corazón. Aun así, pocos meses después Fallon lo convenció para que fichase por el gran rival del club de Ibrox.
El Liverpool también se quedó sin el internacional inglés Frank Worthington, si bien por razones muy distintas. Bill Shankly había dado el visto bueno al pago de un traspaso de 150.000 libras al Huddersfield, pero el punta, conocido por su carácter festivo fuera de la cancha, no superó un examen médico por tener la tensión alta. ¿El motivo? “Exceso de actividad sexual”. Y aunque Shankly le dijo que se relajase unos días en Mallorca y volviese a examinarse a la vuelta, un comportamiento similar durante sus vacaciones al sol provocó que los resultados fuesen aún peores. Así, el acuerdo fracasó.
Fuente: FIFA.com




